La palabra símbolo proviene de un término griego que hace referencia a un signo compuesto por dos mitades. De esta manera podemos distinguir en los símbolos un aspecto exotérico o visible y un aspecto esotérico o invisible. Este segundo aspecto es el que encierra su esencia y su esencia es lo que perseguimos en nuestro caminar masónico.

El empleo de símbolos es a su vez la base de toda sociedad iniciática, así como la mejor manera de perpetuarla y protegerla; pues sólo aquellos que hayan pasado por una iniciación y tengan los conocimientos necesarios y la actitud adecuada lograrán trascender esa barrera física y aprehender los saberes que encierra cada símbolo.

Esa dualidad es posible encontrarla también en Masonería representada en un primer nivel por la división entre Masonería Operativa, en la que se desbastaban físicamente las piedras (el aspecto exotérico de la orden masónica) y Masonería Especulativa, en la que desbastamos simbólicamente nuestra piedra bruta (su aspecto esotérico).

Hablar de Masonería es hablar de geometría. La letra G situada en ocasiones en el interior de la estrella flamígera representa para algunos la geometría (geometry) o también la tierra (Gea); sin olvidar que geometría significa literalmente “la medida de la tierra.”

La propia Logia es en sí misma un símbolo geométrico. Su disposición imita el plano del templo de Salomón (las columnas B y J, el trono del Venerable Maestro; que recibe el nombre de trono de Salomón…) a excepción de un aspecto: la entrada. En las Logias ésta se sitúa en el Oeste mientras que en el Templo de Salomón se localizaba en el Este. Dicha orientación Este-Oeste nos remite al culto solar, pero quizás lo más interesante sería centrarse en sus dimensiones y en su etimología.

Se ha relacionado el término Logia con la palabra sánscrita loka (que puede traducirse por mundo, lugar o cosmos). Y es que se admite que las Logias, al igual que el templo de Salomón pretenden ser un reflejo del universo y así, en el retejo se dice que su largura va de Oriente a Occidente, su anchura de Mediodía al Septentrión y su altura del Cénit al Nadir. Su forma rectangular alberga en el centro un pavimento mosaico caracterizado por la fusión de los contrarios: el negro y el blanco representando el equilibrio entre los opuestos (lo positivo y lo negativo).

Otra forma geométrica muy presente en Logia es el cuadrado; cuyo máximo exponente lo encontramos en la piedra cúbica, un poliedro formado por seis caras cuadradas. Los masones contemporáneos somos herederos de los constructores de catedrales y en la Masonería actual nos encontramos ante tres tipos de piedras: la piedra bruta (que representa al Aprendiz), la piedra cúbica; en la que se dice que los Compañeros afilaban sus herramientas (y que por tanto representa al Compañero) y la piedra cúbica de punta (que representa al Maestro).

Conviene no olvidar que todas las figuras geométricas pueden trazarse con la ayuda de un compás y de una regla. El compás por sí solo únicamente realiza el círculo, simbólicamente llamado ouroboros, que es representado como una serpiente mordiéndose la cola. Esta figura nos remite a la tríada o ciclo vida-muerte-renacimiento tan presente en la ceremonia iniciación.

La escuadra es otra herramienta masónica susceptible de evocarnos reminiscencias sobre nuestro paso previo a convertirnos en iniciados; acerca de nuestra estancia en la cámara de reflexión. Es la herramienta que nos sirve a los masones especulativos para rectificar nuestros actos y dar buena forma a nuestros pensamientos.

Se trata de aprender de los trabajos literales de tiempos medievales para asumir la utilidad de las herramientas en un sentido figurado y ser hombres libres y de buenas costumbres. En Masonería todo es símbolo y gran parte de ellos encierran la llamada proporción áurea, presente en múltiples formas naturales así como también en construcciones artificiales (por ejemplo, la pirámide de Keop). En Logia, se encuentra presente en elementos ya mencionados como el pavimento mosaico o en la estrella flamígera. La proporción áurea es representada por medio de la letra griega phi. Se trata de un número irracional que puede definirse como el número que es igual a su recíproco mas uno (su valor es más o menos 1,618) y por analogía se vincula con los números de Fibonacci ya que si se divide entre sí dos números consecutivos de la conocida secuencia obtendremos un resultado muy próximo al número phi (llamado también número sagrado o número de oro).

He dicho, Eurídice.